Y entiendo tu belleza como un canto desafinado. Como una voz dulce que me embriaga y que se quiebra. A veces en los defectos, me pierdo aun más en ti. Ni un numero inscrito en cada electron al rededor de toda la via lactea alcanzaria a dimensionar la cantidad de odio que siento por ti cada vez que te veo. Cada vez que te pienso. Y aún así heme aquí, existiendo a partir de odio y ternura. Vivo en un país de ensueño que cerca un laberinto eterno. Las paredes se forjan de mi espalda y se enredan en mis movimientos. Corro y me enredo en mis propios pasos y con ellos construyó mi propio laberinto, hasta que los tropiezos se vuelven danzas y las caidas golpes. El espacio se cierra y yo, en vez de enredarme aún más, me estrello contra las paredes y me convierto a mi propio ritmo en una bestia corrosiva, ensangrentada. Ojalá no me hubiese tomado tantos golpes alisar aquella pared, y poder ver al fin el reflejo de mi rostro desfigurado. Ojalá haber visto mi sangre desde antes y así s...
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El Cielo, y Aquel Cartel Neón
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El cielo está pintado de un color rosado, pero aún sigue habiendo luz. Los neones de los edificios se prenden por la hora, pero aún sigue sin anochecer. Me siento abrumado por aquellas luces, siento que ambas me hablan, que me conversan en dos idiomas distintos que por alguna razón puedo entender. El neón me invita y el cielo me advierte. La acera se ve sorprendentemente cómoda. Me detengo a observar el paisaje y me siento en la acera, es casi como una almohada. A veces paseo en la calle y me quiero sentar por siempre en la acera. Paso en carro, caminando, en bicicleta; y aquella acera siempre se ve más y más confortante. Encuentro entonces extraño el verme desde fuera, pero creo que no sería tan malo. Mi cuerpo adornaría bien la acera, y la luz me acompañaría, me ayudaría. La luz me maquillaría para no verme tan pálido, para verme vivo. A veces siento que la luz es todo lo que tengo, que este momento de luces cruzadas es la única muestra empírica de que sigo vivo. Por fuera todo es me...
5:30, Calibre 12
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Cali se pinta de un color hermoso cuando atardece. A veces en medio de todo siento que no está todo tan mal, luego llega la gente. A dos cuadras de donde estoy, viene caminando Sara con su amigo, recto hacia nuestra mesa. Yo fui quien la invité, pero ahora estoy arrepentido. Los rayos amarillos hacen brillar el vaso de cerveza y todos se están riendo. Me veo en el reflejo del celular puesto sobre la mesa, me veo en el reflejo de la cerveza. Soy escuálido y tengo el pelo desordenado, mis labios son gruesos y mi piel de un oscuro sucio. No soy de ningún lado, solo de aquí. Las burbujas de la cerveza bajan con una velocidad hipnótica y yo siento su efervescencia en mi cerebro. El estrés sigue bajando, al igual que el sol. Sus rayos cada vez dejan de golpearme los ojos, y es tras recuperar la visión que la veo acercándose. La desprecio con toda mi alma. Veo al guarda del local caminando en frente mío con una escopeta. Mossberg de repetición, calibre 12. Mi padre trabajó toda su vida ...
Nostalgia
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Un poema muerto retumbaba en un eco eterno a través de la habitación. Muerto por inacabado. Muerto por fatuo. Las primeras 3 líneas se repetían incesantemente. Contrario a la naturaleza áurea del mismo, estas no se sumaban entre sí. Solo existían. Su valor radicaba más en esto que en su intención misma. Había un aura melancólica en la presencia de aquel texto, pues esto implicaba que en algún momento aquello había sido real. Esto no alegraba a nadie, esto solo amargaba. La nostalgia es el peor de los sentimientos, contrario a lo que mucha gente quiere pensar. Se ensimisman en el pasado, en la idea de volver a lo que alguna vez fue. No hay sentimiento más peligroso, no hay idea más mortal que la del pasado idóneo. La nostalgia carcome a los vivos con la presencia de los muertos. Muerto el humano, muerto el tiempo, muerto el sentimiento. La nostalgia es la ceniza de cualquier realidad. No cumple ninguna otra función, pues es la memoria la que nos permite avanzar considerando el pasado; l...
Bitácora de un suicidio
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Martín fue registrado muerto el 25 de noviembre a la 1:54 de la tarde. Un tiro en la sien le atravesó el cráneo y recorrió otra breve distancia antes de impactar en un poste de luz. Antes de dispararse, consideró que punto sería más efectivo para suicidarse. Un disparo al corazón suele ser más efectivo que un disparo en la cabeza, pues se pueden dañar áreas que controlan funciones vitales, pero no de las que depende seguir vivo. Lo cierto es que Martín no quería quedar discapacitado, o vegetal. Lo mejor en ese caso era un tiro al corazón, pero lo descartó casi inmediatamente por lo incómodo que era sostener el arma en esa posición. Un tiro en la boca, con poca puntería, puede terminar saliendo por la garganta y no causar una muerte inmediata. La única opción era un tiro en la cabeza. En los años 70, la forma efectiva de ejecución eran dos tiros a quemarropa para neutralizar, seguido de un disparo preciso en lo que se conoce como la zona T. Apuntarse un arma a uno mismo en la cara es un...
Epitafio de un odio enterrado
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El cuchillo se enterró por completo en el recto femoral. El dolor me hizo pegar un grito horrendo. Aproveché la adrenalina para forcejear la hoja en el muslo, fracturándolo en múltiples secciones. Saque levemente el cuchillo y utilice la parte plana para amarrar la vena y la arteria femoral como si me estuviera embalsamando. Ambas se veían como pitillos plásticos babosos. Extremadamente resistentes para parecer tan frágiles. Gire la angulación del cuchillo y los reventé al mismo tiempo. Una cantidad absurda de líquido carmesí empezó a bombear con fuerza de mi pierna hacia afuera. Unos 2 kilómetros por hora, 6 litros de sangre. No todo iba a salir; a menos de que hubiese algo ejerciendo presión, la sangre se suele quedar atrapada en las articulaciones. Esta además no se comporta como un fluido ideal sino como un fluido real, es decir viscoso. Esta viscosidad no es constante y depende de la velocidad (soliendo comportarse como un fluido no newtoniano, es decir, aumentando su viscosidad e...
Waterloo
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Sus pupilas parecían espejos y él seguía sin parpadear. Mi cara se reflejaba perfectamente en sus ojos color café; aún tenía el pelo arreglado, solo se notaba mi sudor. Me veo hermoso a pesar de todo, mi mandíbula se veía más marcada por la hinchazón leve de mis pómulos, y mis ojos rojos junto con mi nariz chorreando sangre me harían irresistible para cualquier degenerado con un mínimo de buen gusto. Sabía lo bien que me veía, pero sorprendentemente eso es lo que menos me importaba; desenfoqué mi vista de mi reflejo y me centre en su cara, estaba totalmente deformada, era incapaz de respirar por la nariz y cada suspiro por su boca iba acompañado de una piscina de sangre que lo hacía ahogarse más. Él sabía que estaba vencido, pero sus ojos seguían mirando con el mismo desdén de hace unas horas; eso me encantaba, así no sentía remordimiento. Retorcí el puñal que le había clavado y lo saque con un jalón de su esternón. La sangre comenzó a brotar con mayor fuerza; le agarré la cara c...