Bitácora de un suicidio

Martín fue registrado muerto el 25 de noviembre a la 1:54 de la tarde. Un tiro en la sien le atravesó el cráneo y recorrió otra breve distancia antes de impactar en un poste de luz. Antes de dispararse, consideró que punto sería más efectivo para suicidarse. Un disparo al corazón suele ser más efectivo que un disparo en la cabeza, pues se pueden dañar áreas que controlan funciones vitales, pero no de las que depende seguir vivo. Lo cierto es que Martín no quería quedar discapacitado, o vegetal. Lo mejor en ese caso era un tiro al corazón, pero lo descartó casi inmediatamente por lo incómodo que era sostener el arma en esa posición. Un tiro en la boca, con poca puntería, puede terminar saliendo por la garganta y no causar una muerte inmediata. La única opción era un tiro en la cabeza. En los años 70, la forma efectiva de ejecución eran dos tiros a quemarropa para neutralizar, seguido de un disparo preciso en lo que se conoce como la zona T. Apuntarse un arma a uno mismo en la cara es un sentimiento bastante feo, que podía solo retrasar el acto. Por eso Martín decidió escoger un punto medio, uno donde las posibilidades eran altas y la posición cómoda.

El 25 de noviembre a la 1:45 de la tarde, Martín se encontraba en la casa de su abuelo, que sirve también como hospedaje y en donde se encontraba una buena cantidad de miembros de su familia. Martín sabia que en algún lugar de la casa, se encontraba una pistola 9 mm refundida a un lado de varias cajas de munición. Los primeros 4 minutos del suceso, se fueron en la búsqueda cautelosa del arma, la cual terminó siendo encontrada en el cajón donde se guardaba el kit de primeros auxilios. A partir de este momento, no hay descripción en prosa que pueda acercarse en pulidez al valor cinematográfico de la acción misma. Cada acción, gesto, guiño y paso del tiempo funciona como un mecanismo perfectamente equilibrado donde el tiempo sirvió como hilo de una secuencia espeluznantemente emocionante. Sepan que, cualquier sentimiento estaría mejor descrito en imágenes, pero a falta de archivos y recursos, tendré que recurrir a mi propio talento literario y a siquiera intentar recrear el temple de la situación. El sábado 25 de noviembre a la 1:49 de la tarde, Martín encontró la pistola 9 mm escondida en el cajón de primeros auxilios dentro de la casa de su abuelo. Al lado de esta había dos cajas de munición distintas, y una cantidad considerable de perdigones de escopeta. (plano general) Martín tuvo que revisar en su celular la diferencia visual entre la munición de salva y la real, pues tenía que asegurarse de que el cargador que ya tenía la pistola tuviese la correcta. Después de darse cuenta de que en efecto, el cargador tenía munición de salva, Martín revisó que no hubiese nadie cerca del cuarto para dedicarse a rellenar bala por bala con la munición letal. A estas alturas, ya era la 1:51 de la tarde del 25 de noviembre, pues además de la tarea de buscar en internet la munición, cambiar las balas había tomado su buen minuto debido a los resortes oxidados de la poco cuidada pistola, y a la falta de fuerza de Martín. A la misma 1:51, Martín volvió a revisar que no hubiese nadie cerca, se puso de espaldas a la puerta, y guardó con sumo cuidado la pistola en la parte de adelante de su pantalón. Pensó en jalar la corredera del arma antes de enfundarla, pero temió que esta se disparara por accidente.

A la 1:52 de la tarde, Martín (plano secuencia, camara siguiendolo desde su espalda) salió del cuarto con la pistola cuidadosemente escondida debajo de su pantalón y su camiseta con destino al patio central. Primero revisó la ubicación de cada persona en la casa, y luego se detuvo a preguntar sobre su hermana y sus primos pequeños. Como bien ya tenia él meditado, todos estaban por fuera comiendose un helado. Eran ya la 1:53 de la tarde, Martín explicó que su duda por la ubicación de los menores era unicamente curiosidad, y se decidió a caminar hasta el patio central de la casa (la camara lo sigue desde lejos, por la ventana). Allí, miro hacia ambos lados como quien cruza una calle, se aseguró que no había nadie viendo, desenfundó el arma, quitó el seguro, jaló la corredera, y tras sentir la boca de la pistola en su cabeza jaló el gatillo, cayendo muerto de forma inmediata a la 1:54 de la tarde del 25 de noviembre, en la casa de su abuelo. En la casa el estruendo resopló hasta en la ultima esquina, sin embargo, lo más aterrador fue sin duda el silenció que lo siguió por un periodo que se sintió eterno. Este solo fue interrumpido por el grito aun más escalofriante de uno de los huespedes cuando se dio cuenta que en frente de su ventana, había un cadaver con el rostro desfigurado. (la camara se mantiene quieta, la gente se avalanza con miedo hacia el cuerpo, los gritos se extienden. Corte a negro, el sonido sigue. Silencio. No hay créditos)

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