Nostalgia
Un poema muerto retumbaba en un eco eterno a través de la habitación. Muerto por inacabado. Muerto por fatuo. Las primeras 3 líneas se repetían incesantemente. Contrario a la naturaleza áurea del mismo, estas no se sumaban entre sí. Solo existían. Su valor radicaba más en esto que en su intención misma. Había un aura melancólica en la presencia de aquel texto, pues esto implicaba que en algún momento aquello había sido real. Esto no alegraba a nadie, esto solo amargaba. La nostalgia es el peor de los sentimientos, contrario a lo que mucha gente quiere pensar. Se ensimisman en el pasado, en la idea de volver a lo que alguna vez fue. No hay sentimiento más peligroso, no hay idea más mortal que la del pasado idóneo. La nostalgia carcome a los vivos con la presencia de los muertos. Muerto el humano, muerto el tiempo, muerto el sentimiento. La nostalgia es la ceniza de cualquier realidad. No cumple ninguna otra función, pues es la memoria la que nos permite avanzar considerando el pasado; la nostalgia nos atrae con la intención de que la consumamos pensando en el objeto que alguna vez fue. Por eso aquel poema solo cumplía la tierna pero perversa función de generar una nostalgia venenosa. La madurez no había alcanzado un nivel suficiente para aprender de los errores. Los sueños seguían fundiéndose en la realidad. El aire transformó en un proceso de alquimia la tristeza en rabia y el amor en egoísmo. La mezcla de esto es un masoquismo martirizante. Ambos leían aquel poema casi como una forma de flagelación, como una tortura autoinfligida. Cada vez que ese primer verso se repetía una fuerza imparable los detenía de seguir adelante, lo cierto es que ambos estaban cansados. Pero ese cansancio era adictivo, era una lesión gratificante. Ambos confiaban en que subsisten entrelazados, en que había donde caer. Cuando este colchón peligraba, peligraba la confianza; no la confianza en el otro, pues esa ya no existía, sino en ellos mismos. Era el deseo autodestructivo el que llevó a la reciprocidad del mismo. El texto seguía existiendo, y con él, el martirio. Hablar de realidades, sentimientos o intenciones es vacío, tan solo existe en la nostalgia. Ambos entendían la realidad a la que se enfrentaban, ambos repetían aquel discurso agotador en el deseo incorruptible de que, aquello inmortalizado, resplandeciera una vez más. Él en la intención, y ella en la descripción inacabada.
0, no es nada. 1 y 0, de la nada a su lagrimal, 1 y 1, del lagrimal al iris. 2 y 1, del iris a la esquina de su ojo. 3 y 2, de la esquina de su ojo hasta el esfenoide. La secuencia de arcos circulares que dibuja sus cuencas concluyen con una naturaleza áurea que acomoda un 5 en toda su esquina y resalta una realidad aparentemente muy difícil de ver, Fibonacci ya había hecho lo que un delineador...
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